La mujer del saco
17 de mayo, 2012
Cavilando, cavilando, resulta que me he inventado sin querer un nuevo sinónimo para la palabra “lesbiana”. Y no un sinónimo cualquiera, no, se trata de una definición muy innovadora, aunque de raíces antiguas. Desde ahora, para mí una lesbiana será conocida también como una “mujer del saco”, y yo misma me identificaré como tal cada vez que me presente: “Hola, soy Carme Pollina, mujer del saco, para servirlx”.
Tiene toda la lógica posible, más aún si repasamos la trayectoria de las lesbianas. En primer lugar, por el mero hecho de existir como seres humanos nos meten en el saco de los hombres cada vez que se utiliza la palabra “hombre” como término genérico. Por otra parte, es evidente que, aunque no queramos, también estamos metidas en el saco de las mujeres por cuestiones de sexo y género. Además, con el transcurrir de los tiempos nos hemos visto compartiendo saco con las feministas, luchando por los mismos derechos hasta topar con la cuestión de la orientación sexual. Y hoy, cuando pensábamos que por fin volábamos libres y por cuenta propia hacia la conquista de la igualdad real, resulta que nos vemos metidas dentro de otro saco, el saco queer.
En resumen: las mujeres han conseguido la habitación propia que tanto reclamaba Virginia Woolf, pero las lesbianas todavía no tenemos saco propio. Debemos crearlo, ya va siendo hora, aunque está por ver cuántas lesbianas querrían meterse en él. No deja de sorprenderme que algunas mujeres homosexuales no se identifiquen como lesbianas pero sí como queer. ¿No será que, en el fondo, preferimos sacos ajenos para seguir dormitando al calor de otros hogares en brazos del anonimato?
De saco en saco y no tiro porque no me llamo Paco. Así se resume la historia de las lesbianas, desde mi punto de vista. Quizá por eso nos han dado —y nos dan— tanto por saco.








